viernes, 26 de marzo de 2010

PARTOS DOMICILIARIOS

Frente a la creciente tecnificación del parto, existe una corriente que avala la necesidad de recuperar el alumbramiento natural

Al respecto, la OMS (Organización Mundial de la Salud) sugiere que se ha de respetar el derecho de la mujer a elegir el parto que desee.

Se aboga porque la naturaleza siga su propio curso siempre que las cosas vayan bien, sin más intervención médica que la precisa para garantizar la salud de la madre y del bebé. Teóricamente, con ello, ambos se responsabilizan del nacimiento, asistidos por una partera y acompañados sólo por los parientes u amigos deseados. Los expertos avanzan que este tipo de fórmulas descubre los instintos fisiológicos de la mujer y su intimidad, además de reforzar el vínculo especial que unirá a madre e hijo. Ahora bien, en ocasiones, el parto se sucede de forma complicada, por lo que no queda más remedio que la participación facultativa para remediar las dificultades que puedan surgir.

El parto domiciliario exige el cumplimiento de una serie de requisitos. En primer lugar, las comadronas que atienden estos partos excluyen los casos que pudieran presentar riesgo para la madre o el hijo. El seguimiento de la gestación debe ser, como en cualquier otro caso, por medio de pruebas y controles. También es obligatoria la cercanía del hogar a un hospital para atender cualquier emergencia.

Recientes estudios realizados en Suiza y Holanda, y publicados en la edición especializada British Medical Journal, revelan que el riesgo de parir en casa no es mayor que el de hacerlo en el hospital, siempre que se realice tan sólo en los casos exentos de complicaciones y con la ayuda de especialistas

Parir es un evento biológico que no requiere una sistemática intervención, ni química para provocar contracciones o eludir dolores- ni instrumental, a la que se someten los alumbramientos en el hospital. Los protocolos se han generalizado y en muchas ocasiones se aplican a parturientas y bebés que no los necesitan. La experiencia de traer a un hijo al mundo en la intimidad del propio hogar, sin prisas, respetando el ritmo normal de cada fase del parto, en la postura que cada mujer considera más cómoda (que suele ser sentada, en el agua o de cuclillas) repercute en un índice menor de complicación postnatales y, sobre todo, en una mayor satisfacción de las mujeres.

Para muchos profesionales, el parto se ha convertido en una suerte de planteamiento tecnológico. Hay datos que sugieren que se interviene demasiado en nacimientos que podrían desarrollarse por sí solos sin problemas.

La OMS en sus recomendaciones sobre los derechos de la mujer embarazada y el bebé, afirma que los países cuyas tasas de mortalidad natal son las más bajas del mundo tienen también las tasas de cesáreas inferiores al 10%. No hay, pues, razón alguna que justifique un índice de cesáreas superior
El abuso de métodos quirúrgicos en los alumbramientos podría obedecer al exceso de celo de la clase médica, a su apuesta por la cirugía defensiva para eludir complicaciones posteriores y, por ende, posibles denuncias si algo sale mal durante el parto. Nos hemos vuelto tan civilizadas que hemos olvidado los instintos, que nos ayudarían a parir de forma más natural. Muchas embarazadas ya no hacen la preparación al parto, creen que con la anestesia no les hace falta, y ni siquiera saben cómo encarar el parto.

Uno de los inconvenientes más importantes que se da con los avances técnicos en la gestación es la pérdida del protagonismo de la mujer. En muchos de los centros sanitarios existen normas preestablecidas en las que la opinión de la madre cuenta más bien poco. Desde estos alertan de que, por ejemplo, en relación a la episiotomía -incisión quirúrgica que se practica en el periné para facilitar la expulsión del bebé-, cuya práctica sistemática es injustificada para la OMS, los profesionales señalan que con estas técnicas se evitan futuros problemas de salud en la madre o que se reduce el sufrimiento del bebé.
Hay estudios comparativos entre nacer en el hospital y nacer en casa que demuestran que es más seguro y hay menores complicaciones tanto para la madre como para el bebé en el nacimiento en casa.
"Durante los últimos veinte años la mortalidad peri natal ha disminuido muchísimo, y los médicos lo atribuyen a que los partos tienen lugar en los hospitales. No hay ninguna prueba de que esto sea cierto. La evidencia científica es que mueren menos bebés porque hay una mejor nutrición, una mayor salud en la mujer, mejores condiciones de vivienda, y algo muy importante, porque las mujeres tienen menos hijos y los tienen cuando los desean a través de la planificación familiar. Esta es probablemente la mejor razón por la que mueren menos niños que hace veinte años. La explicación está en lo que hacen las mujeres, no los médicos.".
Dr. Marsden G. Wagner. Representante de la OMS en salud materno-infantil. 1990.

Todas somos merecedoras de una atención respetuosa sobre nuestra persona, para vivir la maternidad con confianza, dignidad y conocimiento de lo que está sucediendo.

Jesica Sanchez Loli
Partera. Bariloche

¿Por qué Parto en Casa? Ventajas y Desventajas

Ventajas del parto en casa:

NACER EN CASA, ES PARIR EN LIBERTAD, ES LA FORMA NATURAL DE DAR A LUZ.

La familia completa participa y tienen un papel activo. Tendrá visitas prenatales largas y extensivas. En casa, la mujer cuenta con la intimidad y la comodidad del entorno familiar, rodeada de sus seres más queridos, en la posición que ella elija y con la ropa que considere más cómoda.

Sus necesidades son lo más importantes; nada se hace sin su consentimiento.

La mujer puede hacer lo que desee: caminar, ducharse, tomar un baño comer, beber, etc.

Poder personal: usted puede escoger y sus preferencias serán honradas y respetadas

Tomar responsabilidad activa para sus cuerpos, vidas, y experiencia de parto. Durante la fase preparto y el parto en sí, la mujer es consciente de lo que realmente significa su trabajo y el nacimiento.
La mujer soporta con gran entereza todo el proceso, dejándose llevar por su intuición y experiencia personal del crecimiento como un humano que esta pasando por una poderosa experiencia de cambio en su vida.

Las estadísticas demuestran que, con un cuidado prenatal adecuado y una asistencia cualificada, el parto en casa es una manera de parir tanto o más segura que en el hospital debido al bajo riesgo que la mujer corre.

Todo el proceso del nacimiento fluye con total normalidad, sin que los asistentes intervengan si no es absolutamente necesario.
Los estudios demuestran que el riesgo de infecciones tanto para la madre como del bebé son menores.

La mujer no necesita preocuparse de cuando ir al hospital, no se tiene que mover de la casa.
Tanto la madre como el bebé tienen asegurada la continua asistencia por parte de la partera, así como el asesoramiento acerca de los cuidados tras el parto. Apoyo durante el posparto. La relación establecida entre ambas partes se caracterizan por una gran complicidad.
Se desarrolla un gran vínculo afectivo tanto entre el bebé, su madre y su padre, como entre ellos y las personas que han estado cerca durante el nacimiento. El bebé llegará a un ambiente lleno de amor. La lactancia se hace más fácil así como el contacto entre la madre, el padre y el bebé.

Desventajas del parto en casa

La mujer debe asumir una gran responsabilidad de su estado de salud, tanto físico, como mental y espiritual. Esto requiere su continua participación lo que se refiere al cuidado y convencimiento para aceptar las consecuencias de las decisiones tomadas.
El hospital es el lugar que socialmente se considera ideal para parir, por lo que la elección de otras opciones puede provocar juicios negativos y falta de apoyo por parte de otros profesionales que no apoyan un parto natural y quizás por familiares por desconocimiento.

Jesica Sanchez Loli
Partera. Bariloche

El RECIEN NACIDO EN EL PARTO DOMICILIARIO


El RECIEN NACIDO EN EL PARTO DOMICILIARIO:

Es importante hacer un examen físico al bebé, porque es necesario saber algunas cosas tempranamente o sólo porque podría ser necesario para la buena salud del bebé. La mayoría de estos exámenes consisten en mirar todo cuidadosamente. Si todo parece que está bien, se puede dividir el examen en dos partes, de esta manera no se tiene que molestar al bebé demasiado cuando es recién nacido. Una segunda parte se puede realizar horas más tarde o al día siguiente.

Los bebés nuevitos son magníficos. Estar con un nuevo bebé, darle al bebé toda tu atención se siente como darle a tu alma un trago de pura agua fresca. Los nuevos bebés tienen claras y fuertes vibraciones porque su atención no está dividida; hagan lo que hagan, lo hacen con su total atención. Si prestas buena atención a un nuevo bebé, la inteligencia serena del bebé limpiará tu mente por ti.(1)

Así como se deben respetar los tiempos de la madre, se deben respetar los tiempos del bebé, ellos están preparados para nacer y sobrellevar ese estrés fisiológicamente. Cuando no se invade con rutinas a la madre y se deja que la fisiología femenina actúe, ese nacimiento del bebé será por ende sin mayores complicaciones. Sólo hay que observar como se desenvuelve ese bebé, tomando como premisas las generalidades sobre los recién nacidos.

Mantener el ambiente cálido y envolver al bebé en mantas secas y tibias será lo primero para su recibimiento. Que la mamá lo tome y cobije si todo esta bien será lo mejor para ambos, así en ese contacto podrá la madre ayudar a su bebé a regular su temperatura, su respiración y establecerse ese vínculo único y particular. Poder observar su coloración en su piel como se torna cada vez más rosado, escuchar su frecuencia cardiaca, su esfuerzo respiratorio, observar su tono muscular e irritabilidad refleja nos hablará en un primer momento acerca de si ese bebé esta bien. En el caso que algo no este del todo bien, se podrán tomar otras medidas y actuar cuando sea necesario.

Siempre tendrá prevalencia el vínculo madre-hijo. Escuchar el llanto del bebé nos dará la pauta en muchos sentidos. Mantener al bebé seco y templado será de suma importancia. Verificando que el bebé tiene el reflejo de succión aunque no mame será útil para descartar algún daño en sistema neurológico. Otros reflejos pueden buscarse pero no serán de emergencia inminente. Esperar a que el cordón deje de latir mientras el bebé empieza a respirar y a eliminar las secreciones por si solo. Estas observaciones pueden hacerse en los brazos de su madre, esa sería la mejor “área de reanimación” para el bebé. No forzar al bebé a que se prenda a la teta, dejar que reconozca a su madre y que decida por el mismo que es lo que tienen ganas de hacer.

Si todo sigue bien, el pesarlo, el medirlo serán datos posteriores que no serán de emergencia. Decirle a la mamá que este atenta a las deposiciones del bebé en esas primeras horas. Darle tranquilidad a la madre, conversar sobre algunas cuestiones a tener en cuenta: como higiene, lactancia, familiares, etc.

El padre obviamente esta invitado a colaborar, a establecer un vínculo con su bebé.

Así como debemos confiar en la madre, debemos confiar en el bebé. Se trata de reaprender acerca de la fisiología, acerca de cada nacimiento. Muchas de las cosas que hacemos están basadas en casos y prácticas institucionales, debemos también nosotros volver a nacer en la asistencia del parto y nacimiento.

Jesica Sanchez Loli

Partera. Bariloche - Argentina

(1) Ina May Gaskin. Partería Espiritual

lunes, 31 de agosto de 2009

Un cuento

El prefecto estaba echado sobre el sillón detrás de su escritorio mirando caer la nieve desde la madrugada. El ring del teléfono lo despertó, levantó el tubo gris pero no había nadie del otro lado. Incrédulo agarró el teléfono rojo, que desde que había sido trasladado a Bariloche había sonado una sola vez.

-Hola, ¡Hable!
-Hola, Hablo con la Prefectura Naval Argentina.
-Sí...más exactamente con el prefecto González.
-Tengo una sospecha de homicidio.
-¿Me podría decir su nombre?
-Prefiero permanecer en el anonimato.
-Pero, ¿Por qué no llamó a la policía?
-Porque creo que el cuerpo está en la laguna fantasma.

A la media hora el prefecto estaba tomando el té en la casa de la autora de la llamada. La señora estaba sentada al lado de una gran ventana con cortinas de hilo bordadas. Tendría unos 75 años, calculó el prefecto. Probó una de las galletitas de jengibre que sabían a viejo. Ella le hablaba mientras tejía en su mecedora. Un gato dormía en su falda.

-Empezó como un día normal. El marido salió a las 9 para el trabajo. A la media hora llegó la mujer que hace la limpieza. A las 11 aproximadamente, la vi salir a ella con su hija de la mano y con un amiguito de la niña.
-¿Quién es ella?
-La que mataron.
-Bien.
-Al rato volvió sola. Los niños se quedaron jugando en la plaza.
-¿Qué plaza?
La señora la señaló con el índice. El se paró para ver. Desde esa ventana se podía ver todo, pensó. Todavía no podía acostumbrarse a esas aberturas gigantescas donde la naturaleza lo asaltaba de golpe.
-Esa fue la última vez que la vi.
-¿Podría describirla, por favor?
-Era una mujer joven y bella. Tenía tan solo 35 años. Pero estos últimos meses la vi más desaliñada, con mala cara. No se sacaba nunca un camperón gris que la hacía más gorda de lo que era.
El prefecto escuchó un ruido en la piso de arriba. De pronto vio bajar dos gatos atándose sus colas.
-Y la mujer de la limpieza, ¿la vio salir?
-Sí, se había retirado antes de que ella volviera.
-¿Dejó la puerta sin llave?
-No, la cierra con llave y la deja escondida en las bota amarilla. Cree que nadie la ve.
Al mediodía volvió el marido para almorzar. Unos amigos pasaron a buscar a la nena para llevarla al jardín. Hasta aquí parecía un día normal.
-Ahá...
-La primera cosa sospechosa fue que apenas se llevaron a la niña, llegó un auto negro, que nunca había visto antes. Bajaron dos mujeres desconocidas.
-¿Las podría describir por favor?
-Sí claro. Las dos tenían pelo largo y lacio, así que no pude verles muy bien la cara. La más baja llevaba un bolso negro. La más alta le abrió la puerta de la casa para que pasara, pues el bolso parecía muy pesado.
-¿Y cómo estaban vestidas?
¡Espere! que si no me olvido. La más alta entró como si supiera que la puerta estaba abierta y la estuvieran esperando. Disculpe, ¿Qué me había preguntado?
-¿Qué ropa tenían?
No me acuerdo exactamente el color, pero seguro que estaban de oscuro.
-¿El marido se había ido?
-No, esa tarde no había vuelto a trabajar. Eso también me pareció extraño.
-¿Está segura?
-El auto quedó estacionado allí hasta el día siguiente.
El prefecto se volvió a levantar para seguir el dedo lleno de verrugas. Desde ese ángulo se veía toda la casa por dentro. Tenía dos ventanales como dos ojos abiertos.
-Además, y esto me confirma mi hipótesis: antes de que volviera la niña vi salir al marido con un gran plástico con manchas de sangre. Lo tiró al tacho de la basura que está afuera.
-¿Cómo sabe que era sangre?
A la noche cuando fui a tirar la basura. Crucé y me fijé. Había mucha.
-Bueno, volvamos al momento en que entran las dos mujeres.
-Ahí ya no pude ver más, el marido cerró las cortinas. Entonces, dejé mis agujas y me puse a prepararles el almuerzo a mis gatos. Estábamos comiendo cuando me pareció escuchar un grito. Me fijé si en la plaza había algún niño. Era la hora de la siesta, el barrio muere a esta hora. Otro grito más. Esta vez estaba segura que era de una mujer.
-¿ Cómo puede ser que ningún otro vecino los escuchó?
Es que el vecino de la derecha es un divorciado que anda durmiendo por ahí y se olvida de darle de comer a su pobre perra. El otro vive en Bs. As. Atrás hay un mallín: solo teros y patos.
-¿Y qué hizo cuando oyó los gritos?
Me encerré en mi casa: puertas y ventanas. No sabía bien qué hacer. Los gritos se oían de todas formas. Luego salieron las dos mujeres con la bolsa negra, parecía muy pesada. La llevaban entre las dos. El auto que las había traído las estaba esperando en la puerta.

El prefecto salió de la casa pensando que todo era un delirio de la vieja. En caso que hubiera un crimen, ella sería la primer sospechosa. Cruzó la calle. Abrió el tacho de basura. Encontró el plástico. Golpeó la puerta. Un hombre que coincidía con las descripciones del marido lo hizo pasar. Eran las 3 de la tarde -horario de trabajo –calculó. La televisión estaba prendida. Al lado, una mesita con un sándwich y una copa de champagne. Festejando su nueva vida, pensó.
El prefecto comenzó con el interrogatorio. El marido contestaba a cada pregunta, extrañamente relajado. Quizás estaba bajo los efectos del alcohol.
De pronto, el prefecto vio bajar a una mujer en camisón, blanco, antiguo, con encaje. Llevaba un chal de lana que le caía por los codos. Se acomodó suavemente en el sillón, lo miró y como si nada, se bajó el bretel dejando su pecho derecho al descubierto. Por unos instantes, el prefecto no pensó, no calculó, no supuso nada...Hasta que vio una boquita que salió de los pliegues del chal y desesperadamente se prendió al pezón.
Entonces todas las pistas cayeron de golpe como en el tragamonedas: más gorda-gritos- plástico con sangre- un bebé.

-Disculpe señora, ¿Dónde tuvo Ud. a su bebé?
-Acá en casa. Precisamente donde Ud. está parado.

Verónica Fernández Bataglia

domingo, 16 de agosto de 2009

Los hijos también pueden nacer en el living de casa

Cada vez más madres eligen dar a luz en sus casas, algo natural en Europa y Estados Unidos. Algunos excesos de la medicina tradicional hacen que las parejas busquen alternativas.
Si el mundo, en todo sentido y desde siempre, cambia constantemente, ¿por qué no va a modificarse el modo de llegar a él? cansados de ciertas imposiciones y prácticas médicas buscan una alternativa a un sistema de salud que les resulta agresivo. Esto ayuda a comprender por qué en los últimos años se duplicaron los partos domiciliarios, según aseguran diferentes especialistas consultados por "Río Negro".
Si bien esta tendencia resulta algo "novedosa" en nuestro país, no sucede lo mismo en otros países como Holanda, donde el cuarenta por ciento de los bebés nace en su casa con la asistencia de profesionales.
En Estados Unidos, entre 1996 y el 2006, los nacimientos en hogares aumentaron un 27%, según el Registro de Parteras, y promedian unos 40.000 al año. En Alemania, España y Gran Bretaña también es habitual que las madres tengan a sus hijos en sus casas. "Esto no es lo mejor ni lo peor; la idea es que pensemos y nos cuestionemos cuántas verdades hay. Cada uno tiene la suya y ve la vida a través del cristal que eligió", señala Gabriela Kozyra, médica egresada de la UBA, especialista en ginecología y obstetricia. Cuando una mujer se entera de que está embarazada, ingresa en un nuevo escenario y comienza a preguntarse el lugar, con quién y cómo va a tener a su bebé.
"¿Dónde? Hospital, clínica, sanatorio o... ¿por qué no en casa? -sugiere Kozyra-. ¿Con quién? El médico obstetra cree profundamente que tiene el poder de elegir cómo va a tener el parto la paciente, con quién va a estar, qué profesionales la van a asistir y en qué posición. O sea, va a dirigir. Decide cuándo nace: si tiene otros partos ese día, lo atrasa o adelanta según le convenga", señala Kozyra, quien critica con firmeza el sistema médico actual: "La partera, que alguna vez tuvo una importancia inmensa, pasó a ser la esclava del obstetra, que le dice lo que tiene que hacer; por ejemplo, retrasar el parto porque el obstetra tiene que atender su consultorio. Estamos todos presos del sistema. Los médicos somos víctimas y victimarios. El obstetra hace lo que puede. Los pacientes generalmente no conocen otra opción. El médico tiene que hacer sus honorarios, de lo contrario no le rinde; para lograr la diferencia económica, debe atender 30 o más partos por mes. A su vez, el neonatólogo decide qué hacer con el recién nacido, que estaba tranquilo en la panza de la mamá, llega a este mundo y recibe agresiones: sonda, luz, gotitas en los ojos y, lo peor, lo separan inmediatamente de la mamá. Parece violento dicho de este modo pero se lo vive como algo natural. Ésta es la formación que recibimos", expresa Kozyra.
¿Qué es el parto humanizado?
En su libro "Parir en libertad", Raquel Schallman, partera egresada de la UBA en 1967, dice que la mujer debe "recuperar la capacidad de decidir qué queremos hacer y cómo queremos estar cuando nuestros hijos nazcan. Estar nuevamente libres y guiadas sólo por la autodeterminación.
Hacerlo naturalmente, respetar nuestros deseos y necesidades más profundas y desconocidas; lanzarnos a la aventura de recuperar la libertad".
Los especialistas señalan que lo más importante es que la mujer haga su propia elección: desde qué obstetra quiere que la atienda hasta el lugar, que perfectamente puede ser el living de su casa o su habitación, si ella quiere. Esto no significa que un hospital o una clínica sean una opción negativa, siempre que ella lo elija. "Los partos en los hogares son espectaculares y sin riesgos. La mamá tiene el poder de elegir con quién quiere estar: obstetra, partera, su marido, un amigo, los hijos, la persona que ella quiera", cuenta Kozyra.
Schallman, quien realiza partos domiciliarios desde 1985, plantea que dar a luz "es un hecho absolutamente genital y sexual; no es meramente una situación médica, de enfermedad y riesgo, sino que tiene que ver con la vida, el placer, la alegría, la esperanza y las emociones intensas. Si cada uno se animara a preguntarse ´¿Cómo quiero tener a mi hijo?´, ´¿Dónde?´, ´¿De qué manera?´, buscaría lo que necesita, tomaría el dolor y el temor, que sí existen -y tienen su razón de ser-, y aprendería a utilizarlos para favorecer el proceso y así encontrar estrategias mucho más prácticas, cotidianas, simples y cercanas que una peridural, que anestesia no sólo el dolor sino también el placer. El que se asusta tanto del dolor, ¿se asusta tanto del placer? Entonces, algunas mujeres descubren que la posibilidad de elección es infinitamente más amplia de lo que se habían imaginado".
Quienes eligen parir en su casa buscan que los tiempos y la forma sean naturales y lo más cercano a sus elecciones. "Parir de pie no es nuevo, se ve en esculturas mayas y egipcias. El parto es como una quiera: acostada, parada, en cuclillas, en la bañadera, en una silla de parto, con música, en silencio o como se le ocurra a la mamá", asegura Kozyra, quien destaca que al recién nacido se lo deja con la madre apenas sale de la panza.
A su vez, afirma que varias prácticas médicas son evitables: "No hace falta hacer episiotomía. Se cortan músculos y no es necesario". La especialista se refiere a algo que sucede con gran frecuencia: a cerca del 80% de las mujeres que dieron a luz durante el último año en centros médicos le realizaron episiotomía (corte en la vagina para ampliar el canal de parto) y un 70% fue a cesárea, aunque la Organización Mundial de la Salud indica que esos casos no deberían superar el 15%.
Mientras tanto, crece el número de parejas que se inclinan por un parto respetado, donde se da prioridad a la intimidad de la madre y su entorno. Analía Gambirazio, directora de Artemamá y psicóloga social, da su visión: "La idea es trabajar en el vínculo con el futuro hijo desde que está en el vientre. La díada madre-hijo es irreemplazable. En el parto humanizado no se violenta ni se invade a los bebés ni a las parejas, y el padre cuenta con la posibilidad de tener un rol activo, pasando a ser la cabeza de la situación porque en ese momento la mujer es instinto puro. En fin, lo importante es poder elegir desde un lugar más consciente".

Nota Publicada
Por JUAN IGNACIO PEREYRA
ipereyra@netkey.com.ar
Diario Río Negro del 7 de agosto de 2009

lunes, 6 de octubre de 2008

¿Qué es un parto natural?


La expresión "parto natural" en muchos ámbitos se interpreta como una nostálgica vuelta al pasado: parir sin epidural, sin oxitocina, parir sin esto y sin lo otro. Allí donde la tasa de cesáreas es alta (España y Sudamérica, por ejemplo), hay quien utiliza ese término para referirse a un parto vaginal. Pero parto natural no es simplemente un parto “sin”, sino aquel que se produce gracias a la maravilla de la fisiología, y en el que los procedimientos obstétricos se aplican únicamente en caso de necesidad. Es lo opuesto al parto medicalizado, atendido por la obstetricia convencional, en el cual la tecnología sustituye la fisiología de la mujer, desvirtuando la experiencia del nacimiento, y generando riesgos innecesarios para la madre y el bebé. En el primer caso la técnica está al servicio de la naturaleza, en el segundo, la naturaleza es doblegada por la técnica. Las tasas de cesáreas en los países y hospitales que respetan los procesos naturales no suelen superar el 10%. Cuando la asistencia es de corte intervencionista, la tasa de cesáreas siempre es superior.No es posible asistir dignamente a una mujer parturienta sin comprender la verdadera naturaleza del parto: es un acontecimiento involuntario, tanto como el sueño o el orgasmo, aunque mucho más complejo. Todos sabemos lo que ocurre cuando uno trata de controlar o dirigir mentalmente estos procesos: simplemente no ocurren. La sola pretensión de controlar un proceso involuntario lo inhibe, y eso es lo que sucede con el parto hospitalario. Ese es el motivo por el cual cuando la mujer llegar al hospital, la dilatación a menudo se estanca. Cuando el parto se inhibe, se prepara el terreno para todo tipo de procedimientos que sustituyen la función de una naturaleza que en estas condiciones, obviamente, no puede funcionar: estimulación con oxitocina, episiotomía, anestesia, fórceps, cesáreas innecesarias … se sustituye un proceso natural sofisticado y sabio por un conjunto de técnicas encaminadas a resolver los problemas a menudo creados por ella misma. Y también para someter un proceso con un ritmo propio al ritmo acelerado que establece el hospital. Dice Michel Odent que de las muchas preguntas que se hacen los estudiantes de obstetricia hay una que continúa ausente de los planes de estudios. Esa pregunta es ¿Cuáles son las condiciones idóneas para un parto fluido?
Intimidad, seguridad y apoyo emocional. Lo mejor que podemos hacer para favorecer un proceso involuntario es conocer y crear las condiciones idóneas para que se produzca solo. Puede resultar paradójico que la única forma de “humanizar” el parto sea recapitulando el hecho de que somos una especie “mamífera”. El parto es un acontecimiento instintivo, llevado a cabo por nuestro cerebro mamífero, y en el que la participación de nuestra mente racional tiene un efecto contraproducente. Lo más que se puede hacer es rendirse a la experiencia y permitir que ocurra, para lo cual el ambiente en que transcurre y la calidad humana y actitudes de los asistentes es esencial. Ese cerebro mamífero primitivo es también nuestro cerebro emocional (sistema límbico). Es una constante en todas las especies mamíferas que la parturienta necesita una atmósfera de intimidad y recogimiento, de seguridad física y emocional, que le permita entrar en el estado de consciencia especial propio del parto. Cuando este estado de intimidad se impide, cuando una hembra mamífera se siente amenazada, o incluso indiscretamente observada, el parto se interrumpe: las hormonas del estrés inhiben las hormonas del parto. Esto pone de relevancia la enorme importancia del estado emocional de la madre y cómo influye en él el soporte emocional y el trato que recibe, así como las condiciones y el ambiente en que transcurre el parto. La forma en que se trata a la mujer de parto puede condicionar totalmente su progreso. Por ello, las primeras recomendaciones de la OMS no se refieren a los aspectos técnicos, sino emocionales y psicológicos: Debe fomentarse una atención obstétrica crítica con la atención tecnológica al parto y respetuosa con los aspectos emocionales, psicológicos y sociales del parto.
Ambiente y entorno apropiado. El parto es dirigido por el cerebro mamífero (emocional), pero inhibido por el neocórtex (racional). Decía Michel Odent que es suficiente preguntar a una mujer su número de la seguridad social para que el parto se interrumpa. Debe pues evitarse todo lo que active el pensamiento racional en la mujer de parto: hablarle sin necesidad, darle órdenes o interrumpirle en su “viaje interior”. También interfieren las luces, los ruidos, el frío, la prohibición de comer, la incomodidad de tener que mantener una postura determinada o estar en un lugar poco apropiado, como es el paritorio. Las condiciones necesarias para un parto fluido no difieren mucho de las condiciones idóneas para dormirse: intimidad, penumbra, silencio… todo lo que permita a la mujer ensimismarse. Dice Sheila Kitzinger que “el lugar ideal para dar a luz es el mismo que para hacer el amor”.
Libertad de expresión. La represión de la expresión de dolor durante el parto tiene la consecuencia de reprimir la evolución del parto mismo. Beatrijs Smoulders, comadrona holandesa, afirma en su libro “Parto Seguro” (Editorial Médici), “Hace años, de una parturienta se esperaba que fuera fuerte y no dijera ni pío al dar a luz. En estos casos, el personal sanitario del hospital podía afirmar: “¡Qué bien lo hace la señora!”. Mientras que la comadrona de hoy en día más bien pensaría: “¡Suelte un berrido de una vez, señora, y así como mínimo pasará algo”. Sumergirse y aceptar el dolor es condición necesaria para la producción de endorfinas, “opiáceos” internos que amortiguan y modifican la percepción del dolor.
Libertad de movimientos y postura para el expulsivo. La posición tumbada para dilatar (enganchada al gotero y al monitor) y el potro obstétrico para el expulsivo pasarán a la historia como uno de los mayores y persistentes errores de la obstetricia.Numerosos estudios demuestran que la posición vertical favorece el parto y la horizontal lo entorpece. En horizontal, el canal del parto se alarga y estrecha y el coxis se dirige hacia lo alto, convirtiéndose en una vía de paso más angosta para el bebé, y además cuesta arriba. En posición vertical la vagina se amplía y acorta, pero además la presión de la cabeza del bebé sobre el cuello del útero ejerce un efecto hormonal que estimula la producción interna de oxitocina, y por tanto la dilatación. La posición vertical acorta y amplía el canal del parto, permite que las articulaciones de la cadera se abran más para dar paso al bebé, facilita sus movimientos de rotación y permite que la fuerza de la gravedad le ayude en su descenso. Episiotomía y fórceps son procedimientos técnicos que sustituyen la fisiología de la mujer y la gravedad con evidentes y penosos efectos secundarios para la madre y el bebéLa mujer debe tener la libertad de dilatar y parir en la postura que más le convenga: en cuclillas, sentada en el taburete obstétrico, a cuatro patas, de lado, colgada de alguien, de pié… El instinto indica en todo momento cual es la postura idónea mediante un lenguaje infalible: la más cómoda es también la más fisiológica.
Asistencia profesional respetuosa. Siendo la fisiología del parto tan sensible al entorno, el papel del profesional asistente es estar disponible en un discreto segundo plano, sin interferir, confiando en los recursos de la mujer para dar a luz, y aplicar los procedimientos obstétricos únicamente si hacen falta. El protagonismo del parto corresponde a la mujer.
Procedimientos naturales de abordar el dolor. La producción de endorfinas se favorece cuidando al máximo las condiciones en que transcurre el parto y evitando todo lo que pueda producir estrés. Actualmente la tendencia es a recurrir a formas inocuas y agradables de amortiguar el dolor: cambiar de postura, baño de agua caliente, masaje en la zona lumbar, masaje de pies, sentarse en pelota de goma …
Intimidad y tiempo para recibir y acoger al bebé. El momento del nacimiento es un momento especial, mágico, en el que el estado hormonal propio del parto natural crea las condiciones para que produzca el vínculo madre-hijo, un vínculo que tiene consecuencias duraderas sobre esa relación, sobre la confianza de la mujer en su capacidad para amar y criar a su hijo, sobre el desarrollo emocional del bebé. El vínculo que el bebé crea con su madre es el troquel, la base de su capacidad para crear vínculos posteriores. Por ello el nacimiento medicalizado tiene consecuencias no sólo físicas, sino psicológicas y sociales. Madres y bebés deben estar juntos tras el nacimiento, y en todo momento, y no se justifica que un recién nacido sano sea apartado de su madre. Incluso los prematuros progresan mejor con el “método canguro” que con la incubadora, o al menos con un sistema mixto. La OMS recomienda iniciar la lactancia antes de abandonar la sala de partos.
Cordón umbilical: El respeto por la fisiología del parto implica reconocer la función del cordón umbilical, que continúa latiendo y suministrando sangre oxigenada al bebé durante varios minutos tras el nacimiento. La naturaleza no hace nada que no sea necesario, y esos minutos son el tiempo que el recién nacido necesita para comenzar a utilizar sus pulmones sin angustia ni riesgo de privación de oxígeno. El recién nacido tiene el derecho de disponer de esos minutos y de esa sangre, y con mayor motivo si ha tenido sufrimiento fetal, ya que al iniciar la respiración la sangre acude a los pulmones en detrimento del cerebro. Pinzar el cordón inmediatamente tras el nacimiento es una práctica que, a la luz de la evidencia científica, debería haber sido abandonada.
Contrariamente a lo que se piensa, parto natural no es volver al pasado, sino recuperar la capacidad y la confianza en la propia naturaleza y rendirse ante ella. Tampoco es renunciar a la tecnología, sino adjudicarle el lugar que le corresponde: las complicaciones, los casos de riesgo. Y es que las prácticas de rutina en el paritorio no son buenas ni malas, son oportunas o inoportunas. Y cuando se imponen de forma sistemática e indiscriminada a mujeres que no las necesitan son inoportunas. La evidencia científica demuestra que el parto natural no sólo es más digno para la mujer, es también el más seguro. Por ese motivo, la Organización Mundial de la Salud recomienda una calidad de atención basada en el protagonismo de la mujer y en su fisiología, y el mínimo grado de medicalización posible.

Isabel Fernández del Castillo Autora de "La Revolución del Nacimiento". Ed. Edaf